Oda a la naturaleza
Sembrad con tesón el clavel monumental; mientras, tejéis con tenacidad al tiempo conforte entre dimensiones, tal vez la rosa que ayer consentí y elogiè mañana este marchita por el lance abismal. El rocío de aglutinó en lo coruscado, hoces que desvanecen las raíces y caldean los chopos dialogando con el ramal del viento, asien la soledad vespertina que se transmuta con la luna y jadea sobre el farol, elemento avizorante de fantasías ¡Qué oscuros susurros denotan la hendija frutal¡ Cuan encanto desviste la afectuoso, bese al llavusco ante la colina acuosa de fondo coloquial, el perfume sobrio del lindero inundó la inspiración de sonrisas remotas, bautismo álgido que dormita bajo el mural coercitivo y acopia matices de tonos holgorios.
Inflexiones de un diálogo
¿Habré auspiciado la ingenuidad? Si alguien confirma que juego con el destino no tiene idea siquiera del comentario aducido que tal vez genere dudas e interfiera en lo abstracto, diserto con realce los hechos sin procrear camorras que aminoren lo tendencioso ¡Honor para quien acampa y se disfraza de falaz! El arte no es imitación artística menos un esbozo tatuado de disimilitud, he columbrado los fragmentos del embrión concebido por arteria maternal, acepto las retículas del área gemela ¡Confesaré mis pecados capitales! Sonríe a la realidad que proyecta el almanaque cuitado con la certeza de parlotear bajo la señal bragante ambulando de lo jovial a la decidía ¿Cuál lampo teñido de fulgidez descuella la sierpe? Creo que a veces te fustiga la impertinencia, sucumbiré con el llanto del infante desolado y conmovido, soterrando la semblanza arreciadora. Lamento patrocinar lo irreductible sin luengo de lira que corroe desde los responsos blasones, néctar del huracán tupido por el bullicio pachangoso. ¡Ah! Que gallan sobre la fécula que el aviario vaho de olor oprobioso, hospedé tras el recital talante los desvaríos del alma como quien denueda lo medroso, virajes de rutas atizadas columpio sin chalear con flacidez ¿Repulsión deduzco al intruso? Atados de pie, cuerpo y manos codeo el bagaje álgido, jocosamente declamaré a la esperanza con proeza benigna como quien saborea el triunfo y confiere lapides.